Mancharse las manos cultivando Utopías: de la Escuela Nacional Florestan Fernandes a la vivencia en territorio
Tras varias semanas conociendo desde dentro el MST en Brasil, brigadistas aragonesas comparten algunas claves de una organización construida durante décadas desde la formación, la lucha por la tierra y la transformación social
MARINA GROS | FÁTIMA RUBERTE CASANOVA | JOSÉ SEGOVIA BURILLO
10 septiembre, 2026. 10:30
Ya han pasado unas semanas desde que la Brigada Internacionalista de Juventud aterrizó en la Escuela Nacional Florestan Fernandes (ENFF) del Movimiento Sem Terra (MST) de Brasil. Durante este tiempo, las brigadistas hemos podido adentrarnos en la cultura del movimiento, su estructura y vivencias, a través de la formación político-pedagógica recibida en la escuela, y la visita a los asentamientos de diferentes estados de Brasil. Os contamos unas pocas claves de lo vivido, que creemos que pueden traer ideas, inspiraciones y esperanzas también en nuestro territorio.
Nota: las autoras de este texto queremos advertir de que somos conscientes de que la mirada que traemos es una mirada desde un contexto político concreto del Norte global y sur de Europa, tiene sesgo y no está exenta de privilegios. Es por ello que en ningún momento queremos que se considere nuestra experiencia como verdad absoluta y global a todo Brasil, sino como un relato de nuestras experiencias personales (e influidas por nuestra realidad) en Brasil y la organización del MST. Consideramos que no es tarea sencilla abarcar la complejidad de un movimiento de tales dimensiones.
La escuela para la clase trabajadora del mundo

Foto: Brigada Internacionalista de Juventud
La educación y formación política son ejes fundamentales del movimiento. La escuela es un espacio central de la comunidad tanto en los campamentos como en los asentamientos. Pero no solo eso, sino que el MST, desde una perspectiva de solidaridad internacionalista, decidió construir en 1996 una escuela nacional para la formación de cuadros y militantes.
La Escuela Nacional Florestan Fernandes, inaugurada en 2005 y localizada en Guararema (interior de São Paulo), es el principal centro de formación del MST. Se trata de un espacio de articulación, fortalecimiento de ideas y acciones para las organizaciones populares provenientes de distintos rincones del mundo.
Fue construida por y para la clase trabajadora del mundo de la mano de más de mil personas que contribuyeron con sus esfuerzos en la creación de este símbolo de la lucha del MST hace más de 30 años. Además de la labor esencial de brigadas de militantes sem terra en la construcción, estas fueron acompañadas de campañas de alfabetización. Para la construcción de la escuela se contó con la campaña de recaudación de fondos en la que colaboraron Chico Buarque, José Saramago y Sebastião Salgado y la solidaridad internacionalista por parte de los comités de amigos del MST (entre los que se encuentra el Comité de Solidaridad Internacionalista de Aragón).
Cada uno de sus muros inspira movilización social y resistencia, a través de sus murales y homenajes a luchas, colectivos, intelectuales y referentes tales como Frida Khalo, Patativa do Assaré, Antônio Cândido, Marielle Franco, Dr. Sócrates, Patrícia Galvão –conocida como Pagu–, Vito Gianotti, Rosa Luxemburg o Paulo Freire.
Este espacio recibió el nombre del sociólogo, etnólogo intelectual y político brasileño Florestan Fernandes, como forma de compromiso hacia su legado político-pedagógico y de defensa de la clase trabajadora. De este modo la escuela combina la teoría y la práctica política, abordando temas como la agroecología, el marxismo y el feminismo. El espacio se organiza gracias a la Brigada permanente Apolônio de Carvalho, en honor al internacionalista brasileño (que participó también en las brigadas internacionales en la guerra civil española), conformada por militantes que habitan y dan sostén a la escuela durante períodos mínimos de dos años.
Claves para un movimiento de masas

Foto: Brigada Internacionalista de Juventud
En la ENFF vivenciamos parte de la formación que permite que el MST sea un movimiento de masas. No lo decimos nosotras, sino que sus números son un indicativo de esto: más de 400.000 familias asentadas, 80.000 familias acampadas, 185 cooperativas en funcionamiento y más de 2.000 escuelas construidas en asentamientos.
Un movimiento fuerte necesita unas bases y unos planteamientos fuertes. La lectura de la realidad que realiza el MST, identifica como punto clave la necesidad de la tierra por parte del campesinado, a lo que añade otros dos objetivos estratégicos: la lucha por la reforma agraria popular y la lucha por una transformación social. De ahí se construye el papel y el sujeto político del campesinado y se organiza a su alrededor un proyecto y movimiento con implicaciones no solo materiales sino también ideológicas y políticas.
Desde el lema que se derivó en el primer congreso del MST (1985), “la tierra para el que la trabaja”, se ha creado un proyecto en torno a la ocupación de tierras que sostiene al movimiento. Las dimensiones pedagógicas que el MST ha definido y trabaja son:
El estudio, que permite comprender la realidad y los intereses del campesinado explotado, así como la necesidad de unir la lucha en torno a un entendimiento histórico, político, económico y social de la realidad. Este estudio se concibe como un constructo colectivo en permanente cambio.
El trabajo, que sostiene la vida en el MST, y se realiza de forma colectiva, ya sea trabajo militante (aquel que adquiere un matiz político de cara a la organización), o trabajo necesario, que contribuye al sostén y mantenimiento de la vida en el movimiento (por ejemplo comida, limpieza o cuidados).

Foto: Brigada Internacionalista de Juventud
La organicidad constituye la estructura social del movimiento y se orienta alrededor de núcleos base, sectores y equipos de trabajo. Los principios organizativos y la vivencia en torno a los valores humanistas y socialistas dan forma a la colectividad del movimiento. Tiene como intención la participación de todas en el proceso, de forma activa, protagónica y responsable.
La mística es un momento y espacio de conexión que alimenta y anima a las personas militantes desde una perspectiva revolucionaria. En la ENFF hemos vivido homenajes a personajes revolucionarios, mártires, obras en apoyo a Cuba, Venezuela y otros movimientos sociales. Siempre ligado a una fuerte presencia de símbolos, elementos artísticos, canciones populares o himnos. El concepto de mística es la energía que prepara a las militantes para el día, alineando cuerpo y mente, espíritu y emoción. El arte y la cultura están presentes en muchos espacios cotidianos, ya sea con instrumentos musicales, decorados y murales reivindicativos, como en la utilización de la poesía y el teatro como forma de expresión política.
La formación en valores socialistas y humanistas que defiende el MST busca reducir la huella de los valores de la sociedad capitalista y patriarcal. Para ello se intenta superar el individualismo, el racismo, el machismo, la LGTBQ+fobia, la intolerancia religiosa o la meritocracia, promoviendo valores como la solidaridad, el internacionalismo, la disciplina, el compañerismo, la humildad, el respeto a las diferencias y la generosidad.
Esta pedagogía está plenamente instaurada en la ENFF y otros espacios de formación del MST, pero a su vez es un elemento fundamental en la constitución de los asentamientos y campamentos en los diferentes territorios, así como en sus escuelas. Pero este tema lo desarrollaremos en más profundidad en un próximo artículo.
Las diferencias territoriales son amplias, marcadas por las realidades materiales de regiones con coyunturas muy diferentes. De igual modo el MST remarca la importancia de liderazgos fuertes en los asentamientos que sean capaces de mantener los valores del movimiento y la lucha por la consecución de los objetivos del MST: tierras de cultivo, reforma agraria popular y socialismo.
Vivencias en los territorios

Foto: Brigada Internacionalista de Juventud
Durante la Brigada nos dividimos para conocer diferentes territorios del MST a lo largo del país, en nuestro caso el Norte Fluminense de Río de Janeiro, la región norte de Minas Gerais y el norte de Paraná. Territorios con diferentes contextos socioculturales, económicos e históricos, así como con una gran diversidad de desafíos medioambientales y consecuencias del extractivismo que los atraviesan. Esto se refleja en disparidades en cuanto a las realidades de la organización y potencia del MST.
Las vivencias en los territorios, conociendo de primera mano los asentamientos y campamentos del MST, sus estructuras de coordinación a nivel estatal (Contexto de Brasil son 26 Estados y hablan de nación a nivel federal) nos han permitido destacar una serie de cuestiones, a la vez que observar las múltiples y diversas realidades que atraviesan en su construcción política.
Mientras que en el norte de Paraná hemos encontrado una organización ejemplar, con asentamientos y campamentos de largo recorrido (cooperativas, formación y mecanización de la agricultura, comunidades muy cohesionadas y estructuradas), en el Norte Fluminese de Río la situación es muy diferente, con una gran parte de la población de tendencia bolsonarista y una agricultura que sufre una grave erosión del suelo, que se intensifica mediante el trabajo de monocultivos de caña de azúcar y piña. En este contexto, Río está poniendo en marcha proyectos agroecológicos cooperativos como el proyecto Campo-Cidade para hacer frente a las necesidades existentes a través de herramientas como la formación agroecológica y política.
Por su parte, Minas Gerais es un estado inmenso, del tamaño de Francia; su norte es una región semi-árida con un alto nivel de organización, afianzado por campamentos con más de 20 años de antigüedad. Cuenta con una estructura fuerte de cooperativas, asentamientos y nuevos campamentos, aunque no son ajenos a las disidencias internas, diversas realidades políticas y religiosas y diferentes grados de movilización. También aborda una problemática de lucha contra el extractivismo minero, falta de agua, incendios habituales por la sequía y el uso del fuego en los monocultivos.
Foto: Brigada Internacionalista de Juventud
Con todo esto, hemos podido observar como en Paraná, esta realidad de los asentamientos se contrapone con el uso de agrotóxicos y monocultivos cuando todavía son campamentos, para conseguir una renta que es repartida igualitariamente entre las familias. En el caso de Río de Janeiro, la falta de organización fuerte en los asentamientos hace que la producción de caña de azúcar se mantenga, generando desigualdad y explotación por parte de las empresas (ajenas al MST). También observamos la necesidad de mecanización en el norte de Minas Gerais, los largos periodos de sequía hacen fundamental la construcción de sistemas de riego para tener rentabilidad, suponiendo una importante inversión inicial que no es fácil para todas las campesinas.
Para terminar, una de las cuestiones que más nos ha sorprendido en todas partes es la humildad desde la que se expresan como movimiento político, pese a organizar a más de 2,5 millones de personas y llevar 42 años de lucha. Esa humildad proviene de la concepción de estar en un proceso de permanente aprendizaje, formación y práctica revolucionaria. Las militantes del MST son conscientes de sus contradicciones, las analizan y están trabajando constantemente en abordarlas, reflexionando además sobre sus capacidades y la correlación de fuerzas de este momento histórico concreto. Consideramos que esta es una de las principales fortalezas del MST, ya que para mantener una organización viva y revolucionaria, son necesarias la autorrevisión, el aprendizaje y el cambio constante. Y es que, quien trabaja y cultiva la tierra se mancha las manos.
La lucha debe de ser un proceso firme porque sus territorios están permanentemente en disputa, ya sea por el agronegocio extractivista sin rostro (grandes propietarios de tierra, capital financiero extrajero y las empresas transnacionales) como por la internalización de los axiomas del neoliberalismo en la población, esencialmente el individualismo y la competencia.
